Rúdiger Muñoz Rodríguez

Rúdiger Muñoz Rodríguez

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica
Infancia y Adolescencia

Todos ya sumidos en el día a día para coger al toro por los cuernos. Con valentía y ganas. Porque tenemos muchas ganas de vivir intensamente y sin trabas. Así que manos a la obra.

Tras casi dos años de convivencia con la pandemia y la extrema irrupción que ha provocado en nuestras vidas, parece que, en este último trimestre de 2021, hemos vuelto a clase con mucha más seguridad y energía que antes. No obstante, el Covid 19 no es lo único que acapara nuestra atención. Así que ahora que todo el mundo, preferentemente los adolescentes y jóvenes, se sienten casi liberados y con unas ganas a rabiar de recuperar la añorada “normalidad”, hay que mirar en todas las direcciones para afrontar todo lo que nos pueda robar tan solo un minuto de nuestro tiempo, de nuestras vidas, de lo que más queremos. Que no es ni más menos que nosotros mismos, nuestras familias, amigos y allegados. Nuestros planes de futuro, ideas y quehaceres. Ya sabéis que soñar no cuesta. Pero a veces, hay que echar un poco de sal y pimienta a nuestras vidas para reactivarlas.

Desafortunadamente nos siguen dando quebraderos de cabeza los trastornos alimenticios, principalmente, entre: adolescentes y jóvenes. Así que no bajemos la guardia y recordemos que tenemos que prestar atención a esos impulsos o novedades que nos sucedan y que no sepamos a que se deben.  

Puede ser que te enfrentes a ellos por primera vez o no. Los que ya tenían patologías previas puede que hayan empeorado o no mejorado lo suficiente debido a la pandemia. Debemos tener en cuenta signos conductuales, como saltarse comidas con todo tipo de pretextos, no acabarse la comida o tirarla, esconder o almacenar comida… signos emocionales: irritabilidad, tristeza, llanto, apatía; y signos sociales, cambios en las relaciones con los demás: miedo intenso al aumento de peso, insatisfacción relevante con el propio cuerpo, la figura y el peso. Los signos emocionales y conductuales también podemos entenderlos como signos de alarma.

El aula es un entorno que puede “poner a prueba” la salud mental de cada alumna/o… sus fortalezas, pero también sus debilidades y su vulnerabilidad al tener que desenvolverse en múltiples situaciones. La clase es un como un laboratorio, en el que surgen oportunidades para escuchar, observar, aprender, superarse, explorar… Un entorno supervisado por el personal docente y, por lo tanto, diría que privilegiado para la detección y prevención de cualquier conducta que se aleje de la norma.

Hay que subrayar que cuando hablamos de signos de alarma (conductuales, emocionales y sociales), nos referimos a todos aquellos que podemos ver desde fuera y que se apartan de la conducta normal o habitual de ese chico/chica, y que también aparecen en el aula y, por lo tanto, los profesionales que les rodean en los colegios, institutos, universidades… deben de desarrollar y entrenar la sensibilidad necesaria, y también la capacidad mediante formación adaptada, para poder detectar y ofrecer el acompañamiento y derivación necesaria en cada caso.

Fomentemos una prevención primaria en el aula de calidad, especializada y dirigida a disminuir el riesgo de aparición de nuevos casos en estas enfermedades tan graves y que afligen a los que las sufren y a sus entornos: amigos y familiares. Si aunamos nuestras fuerzas seguro que podemos reducir los riesgos y lograr un entorno más humano y distendido para todos. Porque todos se lo merecen.

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