La Ansiedad Precompetitiva: Un Freno para Jóvenes Deportistas

Miriam Costa Agudo

Miriam Costa Agudo

Psicóloga especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Obesidad. Deportista de Alto Rendimiento y miembro de la Selección Nacional Española de Atletismo. Colaboradora CEPC Madrid.

La mayoría de los deportistas trabajan con una meta en mente, un objetivo, un sueño que cumplir. Tras muchas horas de esfuerzo y dedicación en los entrenamientos, éstos buscan plasmar el trabajo realizado en la competición. Sin embargo, y pese a que el rendimiento en la prueba es el incentivo máximo de un deportista, muchos de ellos tienen miedo a competir. El hecho de enfrentarse a sus rivales, la anticipación de fracaso, y el miedo a no estar a la altura o a no ser capaces de demostrar lo que se espera de ellos muchas veces puede frenar al deportista hasta tal punto de “echar por tierra” el trabajo realizado durante meses.

Ante una circunstancia importante tendemos a manifestar respuestas de ansiedad, nervios, malestar y estrés. Sentir miedo es algo común cuando nos enfrentamos a una “amenaza” o una situación sobre la que tenemos altas expectativas o que tiene una gran relevancia para nosotros. Esto puede expresarse en forma de palpitaciones, dolor de tripa, respiración agitada o pérdida de apetito. Incluso, puede llegar a generarnos una sensación de “bloqueo” e incapacidad para tomar decisiones.

Pese a lo incómodas que puedan parecer estas sensaciones, dichos mecanismos de angustia y aprensión nos preparan para la acción, nos alertan de que estamos ante un evento importante y nos previenen ante cualquier cosa mala que nos pueda suceder. Esto ocurre porque la mente humana experimenta dos tipos de temores: “el miedo objetivo” (a amenazas externas) y el “temor neurótico” (creado por nuestros pensamientos, emociones e interpretaciones).

El miedo a competir es un claro ejemplo del segundo de ellos: el “temor neurótico”, que surge como consecuencia de algunos pensamientos catastrofistas y anticipaciones negativas que surgen de manera automática, y que sin embargo si analizamos en profundidad posteriormente resultan no ser tan aterradores como podíamos pensar a priori. De hecho, dichas interpretaciones generan una serie de síntomas que en ocasiones pueden llegar a impedir que seamos capaces de rendir al 100% en competición.

La mejor manera de vencer la ansiedad y las emociones negativas que nos puedan surgir es desactivando el mecanismo de “miedo” tan valioso que tenemos y que nos protege cuando realmente es necesario. Para ello, debemos aprender a interpretar dichas “amenazas” de una forma menos dañina y más racional. 

En primer lugar, debemos destacar que somos lo que nos decimos, por lo tanto es importante que mantengamos un lenguaje interior adecuado, que nos haga sentir bien y que no nos atormente, formulando proposiciones en positivo y eliminando el “NO”, el “NUNCA” y el “SIEMPRE” de nuestras frases, para no anticipar el fracaso y que nuestros pensamientos no se conviertan en “profecías autocumplidas”. Sin embargo, otras veces sufrimos esa ansiedad de forma automática, sin tan siquiera haber recurrido a pensamientos catastrofistas. Esto ocurre, porque hemos automatizado esa forma de actuar. 

Asimismo debemos aprender a percibir con antelación aquellas señales de nuestro cuerpo que nos avisan de ese “miedo anticipatorio”, ya que muchas veces sufrimos sensaciones de ansiedad de forma automática, sin tan siquiera haber recurrido anteriormente a pensamientos catastrofistas.

La psicología cuenta con numerosas herramientas como la respiración diafragmática, la relajación muscular o las técnicas de visualización, que nos ayudan a “bajar las revoluciones” y aprender a gestionar las emociones de una forma diferente. Además, nos puede ayudar a interpretar las situaciones de una forma más adaptativa y ver la competición como una aliada y no como una enemiga. Para ello el trabajo en autoconfianza y determinación es fundamental. ¿Y cómo podemos conseguir esto? Mediante pruebas de realidad (es decir, los entrenamientos) y gracias al hábito. Si conseguimos tener “rutinas sanas” de competición podremos relativizar y disfrutar de ésta, sin angustias ni presiones. Al fin y al cabo la competición debe ser una fuente de gozo y no de sufrimiento para el atleta y el deportista.

Y si alguna vez te has preguntado alguna vez qué hay detrás de esos miedos precompetitivos, yo te responderé: nada. El origen de nuestros temores y nuestras dudas están en nuestra mente. Por ello, tenemos en nuestra mano tanto el poder de crearlos, como el de destruirlos.

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